Estaba yo ordenando, ya saben, ese orden que se nos ocurre hacer cada tres años el cual es un verdadero ritual, porque consiste en todo un sistema de acciones y se forma de un inicio, un desarrollo con clímax y todo incluido, llegando al deseado final. Entonces ¿Qué?, sacas las cosas deseadas a poner en su lugar( donde siempre han debido estar, no dónde las encontraste ahora) y comienzas tu función de "reordenamiento". Aquí es donde te pillas con un millón de cosas, que nunca imaginaste que estaban allí, porque, en realidad, ahora que lo recuerdas no las veías desde hace tres años, cuando fue el "reorden" anterior, Y empiezas a sacar el labial aquel que te gustaba tanto pero nunca te lo pusiste porque tus amigas te decían que era atrevido salir a la calle en esos colores, una cantidad de revistas del año del ñauca que ya te da pena botar porque crees que cuando seas viejito las pueden considerar patrimonio nacional o algo así, esa prueba vieja que te habías conseguido de un curso más antiguo que el tuyo pero que se te perdió un día antes de dar la prueba, y te fue como el forro porque eran las mismas. La foto con tu primer perro, al que te le tirabas encima y jurabas que el perro te iba a servir de caballo, hasta que un día no lo viste más y te contarón que se lo habían llevado al campo para que viviera más contento (aunque todos sabemos ahora que significa eso), el libro con las hojas percanes, amarillentas que te dio tu abuelita la primera vez que se te ocurrió contar que te gustaba alguien, "El niño que enloqueció de amor", y seguidito de éste viene mucho más nuevo "Juventud en Éxtasis", el que te regalaron cuando tuviste tu primer pololo, pero que no lo tocaste hasta como primero medio cuando te lo exigían en el colegio, y debemos reconocer que quedamos todos asustados, pero más intrigados que nunca por el tema tan "candente", porque nuestro aventurado protagonista se acostaba con cualquier palo de escoba con pelo que se le pusiera por delante. Hablando de sexo (pero menos evolucionado), encuentras tu primer diario de vida, si, ese en el que anotabas como cinco palabras que según el día tenían una mínima variabilidad: "Hoy día no (si) me miró"; Y es que yo era una chiquilla muy enamorada, pero ya no. Y quien puede andar enamorada por la vida ahora, luego de haber encontrado lo que encontré.Les explico, dentro de las muchas cosas que encontré, que no seguiré detallando porque no es lo relevante de este momento, descubrí una maleta de hace aproximadamente 100 años. Con broches oxidados y de un material entre que cartón y cuero, que por fuera tenía diseño como de piel de cocodrilo, pero que en realidad a mis ojos, es cartón.Al abrir esta maleta me encontré con un gran número de cartas, escritas a pluma y tinta, que databan de entre 1917 y 1922. Cartas de un señor llamado Eliceo Rivera a su amada Laura Gonzalez, la cuál no era muy correspondedora del amor que éste le expresaba en sus escritos.Luego de dos horas de lectura, seleccioné ésta, debido a mi situación sentimental actual y las ganas de retroceder en el tiempo y romperle la boca a trompazos a la Laura, por hacer sufrir tanto al Eliceo, para después porder yo conquistarlo y quedarme junto a él. Pero bueno, basta de rodeos y vamos al grano, decía así:
Santa Clara Marzo 11 de 1919
ñoritaLaura González
Temuco
Querida Laurita:
No queriendo precipitar los acontecimientos presentes a un desenlace fatal, que sería imposible evitarlo viviendo relativamente cerca de Ud. Me voi Laurita; pero lejos puede ser que en un país “estranjero” encuentre campo a propósito para cultivar la desgraciada planta del “olvido”, pues aquí todos los campos serían estériles. Que distinto es todo esto en Ud. Pues posiblemente ni la riega, y se conserva cada día mejor.Para realizar este viaje quiero que conteste con toda franqueza estas preguntas que a continuación le hago, no crea que me sentiré ofendido por cuales sean sus respuestas, le anticipo que no haré ninguna observación, i todas serán aceptadas.
¿Quiere Ud. Que yo vaya a consultar la voluntad de su papá?
¿Qué lugar ocupo yo en su corazón?
¿Ama usted a otro hombre?
Si esta pregunta me la contestara afirmativa, créame que no envidiaría a ese rival, porque si el sabe amar como le amo yo a Ud. No sería raro que también fuera desgraciado……
¿Tus cartitas con su bella imagen se las mando o se las voi a entregar personalmente?Mas me gustaria ir yo para aprovechar darle el “Adios” Pero si Ud. No lo quiere se lo mando todo, por un certificado.
Le ruego sea franca en sus respuestas a este desgraciado, que posiblemente será la ultima vez que le molestaré.
Sin otro particular quedo de Ud. Como siempre amándole mucho.
Eliceo.
P.D: A su papá le hablaré en debida forma, tengo medidas tomadas, para todo lo que resulte….
(*****Deseo aclarar que el modo de escribir no ha sido modificado y está sujeto al contexto histórico*******)
Díos mío ja-ja-ja.
Existe hoy alguien así?
¿Alguien que me pronuncie unos versos escritos de puño y letra del mismo corazón?
No hay palabras nuevas, el trabajo es darle nuevos significados y tonos sobre-especiales a las palabras comunes.
lunes, abril 23, 2007
lunes, abril 09, 2007
1
I
Un montón de gente me hablaba aquella noche,
Pero yo, mi trago y tu recuerdo estábamos solos.
Pasaban por mi lado y me daban las típicas palmaditas en la espalda
-¿Pasando las penas amigo?- luego se dirigían a Lucas.
- Oye Lucas!, sírveme lo mismo de siempre y cárgamelo a la cuenta por favor.
El Lucas los miraba con el único ojo con que los podía ver y sonreía omitiendo lo que pensaba decir, “Deuda, más que cuenta”.
Al Lucas le decían “El capitán pirata”, por su ojo inservible y la botella de ron que tenía encarnada en la mano, nadie recordaba desde cuando estaba trabajando con el bar, es como si el bar siempre hubiese existido y nosotros concurriéramos ahí hace un milenio. El capitán nunca abandonaba su barco, aunque los dos juntos se estuviesen cayendo a pedazos, algo los mantenía en pie, quizás éramos nosotros, su preciada tripulación.
Siempre corrían las burlas por el bar, que el viejo pirata se había robado a una princesa y ahora la tenía como esclava. Pero pocos sabíamos que era su hija, la Graciela siempre estaba en el local ayudando a su padre, yo la vi crecer con el paso de los años y este último tiempo comenzé a notar su belleza, pero con todo el respeto del capitán, la consideraba como mi hija, una hija un poco grande en todo caso, la chelita tenía 12 años menos que yo, pero su cuerpo había cambiado, ya no era la niñita que se sentaba al lado de un borracho más del bar e intentaba sacarle risas con sus palabras inocentes, muchas veces fue mi forma de escape, sin quitarle el mérito a las copas de más que me servía el capitán, a mi parecer para no poder observar bien a la chela, ese viejo zorro sabe como somos cada uno de los marineros –como solía decirnos-.
Pero como dije anteriormente, la chela está cambiada, ni me di cuenta cuando dejó los ojos ingenuos de lado y comenzó a mirarme acusándome del deplorable estado en que me veía todas las noches, ya no se me sentaba en las piernas ni escuchaba atentamente como yole hablaba de ti, de lo maravillosa que eras. No, ahora se me sentaba al lado, con sus piernas cruzadas dejándome ver lo perfectamente contorneadas que se habían vuelto y poniéndome en desventaja, criticaba mis palabras y mi comportamiento.
Esta noche no apareció, por lo menos entre mi curadera y mis penas no la pude ver, quería que me oyera.
Hace rato que yo ya no escuchaba ni veía a nadie, sólo las siluetas y al viejo capitán, que con el paso de los años ya se había convertido en parte de mi, así que no me molestaba tenerlo cerca. De hecho me tranquilizaba, por eso que siempre llegaba allí, tú sabes, después de nuestras peleas y tus arrebatos de ley en que me hacías “desalojar” el lugar, y así partía yo, con mis pocas chauchas a caminar por la ciudad, y mientras tu pensabas que me recorría todos los burdeles y casas de jarana – cómo me gustaba que evitaras las palabras fuertes, que fueses tan fina, pero a la vez tan desquiciada como para gritarme a todo pulmón en la cara que me fuera de la casa y me tiraras los zapatos por la cabeza, y luego decir, diviértete donde las otras, para tu consuelo son ellas mejores - Pero yo siempre acababa en el mismo lugar, junto al capitán, y es que algo más me llamaba a ese antro.
Todo se empezó a poner más borroso, hacía ya como 5 horas que estaba sentado a punta de ron, “la especialidad del barco”, decía el capitán. Mientras más se me nublaba todo, tú te hacías más nítida en mi mente, cuánto te necesito, tus besos de media noche y tus tacos golpeando el piso. Y es que en mi cabeza daban vuelta los mismos versos que nunca he podido terminar de escribirte.
Yo tenía muertes a tu nombre
Y Vidas a tu encuentro.
Yo tenía tanto por entregarte
Tanto por jurarte.
Se lo grité al capitán en la cara, los que estaban a mi lado se asustaron, se levantaron y me tomaron por los brazos, pero yo veía fantasmas con tu rostro y comencé a gritar y llorar como un niño, mientras el capitán reía en mi cabeza, y todo daba vueltas, el cuerpo se me congelaba, sentí la voz del capitán… tranquilo, tranquilo.
II......
Un montón de gente me hablaba aquella noche,
Pero yo, mi trago y tu recuerdo estábamos solos.
Pasaban por mi lado y me daban las típicas palmaditas en la espalda
-¿Pasando las penas amigo?- luego se dirigían a Lucas.
- Oye Lucas!, sírveme lo mismo de siempre y cárgamelo a la cuenta por favor.
El Lucas los miraba con el único ojo con que los podía ver y sonreía omitiendo lo que pensaba decir, “Deuda, más que cuenta”.
Al Lucas le decían “El capitán pirata”, por su ojo inservible y la botella de ron que tenía encarnada en la mano, nadie recordaba desde cuando estaba trabajando con el bar, es como si el bar siempre hubiese existido y nosotros concurriéramos ahí hace un milenio. El capitán nunca abandonaba su barco, aunque los dos juntos se estuviesen cayendo a pedazos, algo los mantenía en pie, quizás éramos nosotros, su preciada tripulación.
Siempre corrían las burlas por el bar, que el viejo pirata se había robado a una princesa y ahora la tenía como esclava. Pero pocos sabíamos que era su hija, la Graciela siempre estaba en el local ayudando a su padre, yo la vi crecer con el paso de los años y este último tiempo comenzé a notar su belleza, pero con todo el respeto del capitán, la consideraba como mi hija, una hija un poco grande en todo caso, la chelita tenía 12 años menos que yo, pero su cuerpo había cambiado, ya no era la niñita que se sentaba al lado de un borracho más del bar e intentaba sacarle risas con sus palabras inocentes, muchas veces fue mi forma de escape, sin quitarle el mérito a las copas de más que me servía el capitán, a mi parecer para no poder observar bien a la chela, ese viejo zorro sabe como somos cada uno de los marineros –como solía decirnos-.
Pero como dije anteriormente, la chela está cambiada, ni me di cuenta cuando dejó los ojos ingenuos de lado y comenzó a mirarme acusándome del deplorable estado en que me veía todas las noches, ya no se me sentaba en las piernas ni escuchaba atentamente como yole hablaba de ti, de lo maravillosa que eras. No, ahora se me sentaba al lado, con sus piernas cruzadas dejándome ver lo perfectamente contorneadas que se habían vuelto y poniéndome en desventaja, criticaba mis palabras y mi comportamiento.
Esta noche no apareció, por lo menos entre mi curadera y mis penas no la pude ver, quería que me oyera.
Hace rato que yo ya no escuchaba ni veía a nadie, sólo las siluetas y al viejo capitán, que con el paso de los años ya se había convertido en parte de mi, así que no me molestaba tenerlo cerca. De hecho me tranquilizaba, por eso que siempre llegaba allí, tú sabes, después de nuestras peleas y tus arrebatos de ley en que me hacías “desalojar” el lugar, y así partía yo, con mis pocas chauchas a caminar por la ciudad, y mientras tu pensabas que me recorría todos los burdeles y casas de jarana – cómo me gustaba que evitaras las palabras fuertes, que fueses tan fina, pero a la vez tan desquiciada como para gritarme a todo pulmón en la cara que me fuera de la casa y me tiraras los zapatos por la cabeza, y luego decir, diviértete donde las otras, para tu consuelo son ellas mejores - Pero yo siempre acababa en el mismo lugar, junto al capitán, y es que algo más me llamaba a ese antro.
Todo se empezó a poner más borroso, hacía ya como 5 horas que estaba sentado a punta de ron, “la especialidad del barco”, decía el capitán. Mientras más se me nublaba todo, tú te hacías más nítida en mi mente, cuánto te necesito, tus besos de media noche y tus tacos golpeando el piso. Y es que en mi cabeza daban vuelta los mismos versos que nunca he podido terminar de escribirte.
Yo tenía muertes a tu nombre
Y Vidas a tu encuentro.
Yo tenía tanto por entregarte
Tanto por jurarte.
Se lo grité al capitán en la cara, los que estaban a mi lado se asustaron, se levantaron y me tomaron por los brazos, pero yo veía fantasmas con tu rostro y comencé a gritar y llorar como un niño, mientras el capitán reía en mi cabeza, y todo daba vueltas, el cuerpo se me congelaba, sentí la voz del capitán… tranquilo, tranquilo.
II......
martes, abril 03, 2007
"Filo... lo termino otro día"
Llego de clases, muerta. Me cambio de ropa y me pongo lo más cómodo, típica esa ropa que ya te quieren ocupar de trapero para el piso de tan roñosa que está, pero a ti te gusta, porque está suavecita… porque está faite.
Desde la tarde que me invade el bichito, quiero escribir, despacio, sola y con lo mejor de los sentidos.
Me tiendo rápidamente sobre mi cama, la flojera tiende a ganarme y me acomodo así como para dormir, pero no, no es momento para dormir, no quiero perderme ni una de las ideas que han estado girando todo el día por mi cabeza, ni uno de los sentimientos que oprimen y estallan sin censuras en el corazón, y es que cuando uno ama las letras y las palabras no existe nada más bello que colocarlas sobre el papel con tantas ganas y con tan poca exactitud, eso que te lleva a escribir todo lo que pasa de la cabeza al papel, sin colador; Dejar que todo exista.
Siento la puerta, ladran los perros. Comienzo las primeras tres líneas que he venido memorizando todo el día, ya verán ellas a que dan lugar.
Siento pasos en la escalera, sube mi :“madre hay una sola”, me hago la huevona y tapo mis penosas tres líneas (las miro con vergüenza, y pienso que a ese paso deberían ser muchas); Me pongo a hacer la que reviso mis cuadernos, “ella” camina hacia mi pieza.
- ¿Qué estay haciendo? – con ese tono que ya conozco bastante bien, que me deja ver entre miradas el “deberías estar estudiando”
- Acabo de llegar (mira mis méritos), estoy haciendo un ensayo – digo con cara de mentira inventada de mala gana.
Me levanta el cuaderno (con el que había tapado mi intento de creación) y me dice:
- Estay escribiendo, no me mientas.
Y bueno, ¿La huevá es pecado ahora?, y si no quiero contarlo, cosa mía, no ando de ánimos y punto. He estado todo el día tratando de escribir, necesito tranquilidad. Quiero terminarlo.
- Estoy haciendo un ensayo – Yo y mi tono desafiante apunto de explotar.
- ¿Y para qué? – Preguntando lo innecesario.
- Para comunicación – En todo caso, podría haber dicho cualquier otra estupidez, no sabe mis ramos, pero en situaciones así uno debe controlarse, además “no me las llevo peladas”, estoy de malhumor, aunque ella invadiendo el espacio.
Se va, me vio los ojos, la cara quizás de pocos amigos.
Desde la tarde que me invade el bichito, quiero escribir, despacio, sola y con lo mejor de los sentidos.
Me tiendo rápidamente sobre mi cama, la flojera tiende a ganarme y me acomodo así como para dormir, pero no, no es momento para dormir, no quiero perderme ni una de las ideas que han estado girando todo el día por mi cabeza, ni uno de los sentimientos que oprimen y estallan sin censuras en el corazón, y es que cuando uno ama las letras y las palabras no existe nada más bello que colocarlas sobre el papel con tantas ganas y con tan poca exactitud, eso que te lleva a escribir todo lo que pasa de la cabeza al papel, sin colador; Dejar que todo exista.
Siento la puerta, ladran los perros. Comienzo las primeras tres líneas que he venido memorizando todo el día, ya verán ellas a que dan lugar.
"Tomo el tren al igual que todos los días lo hice,
extrañamente llevo el corazón más ligero,
extrañamente llevo el corazón más ligero,
Hoy, por final, creo que es más lo que dejo que lo que me llevo"
Siento pasos en la escalera, sube mi :“madre hay una sola”, me hago la huevona y tapo mis penosas tres líneas (las miro con vergüenza, y pienso que a ese paso deberían ser muchas); Me pongo a hacer la que reviso mis cuadernos, “ella” camina hacia mi pieza.
- ¿Qué estay haciendo? – con ese tono que ya conozco bastante bien, que me deja ver entre miradas el “deberías estar estudiando”
- Acabo de llegar (mira mis méritos), estoy haciendo un ensayo – digo con cara de mentira inventada de mala gana.
Me levanta el cuaderno (con el que había tapado mi intento de creación) y me dice:
- Estay escribiendo, no me mientas.
Y bueno, ¿La huevá es pecado ahora?, y si no quiero contarlo, cosa mía, no ando de ánimos y punto. He estado todo el día tratando de escribir, necesito tranquilidad. Quiero terminarlo.
- Estoy haciendo un ensayo – Yo y mi tono desafiante apunto de explotar.
- ¿Y para qué? – Preguntando lo innecesario.
- Para comunicación – En todo caso, podría haber dicho cualquier otra estupidez, no sabe mis ramos, pero en situaciones así uno debe controlarse, además “no me las llevo peladas”, estoy de malhumor, aunque ella invadiendo el espacio.
Se va, me vio los ojos, la cara quizás de pocos amigos.
Y yo, ahora estaba con la cabeza y la razón apuntando completamente para el lado contrario de como empecé.Miro mis tres insignificantes líneas y pienso… “Filo, lo termino otro día” El problema es, que de un tiempo a esta parte, nada tiene el verdadero significado y nada es tan fluido como quisiera, por culpa de ese multifacético:
“Filo… lo termino otro día”
[Y no lo digo solo por lo que no escribo.]
Saludos.
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