Si cada indiferencia de tus miradas
se callasen cuando me hablan
te sorprendería el ruído de mis versos de papel,
largas líneas de incertidumbre,
la verguenza que me oigas, como debe ser.
Si cada uno de tus pasos,
no alejara su frente en alto
pediría una traición a la brújula que manda
y el imán no sea otro,
que dónde me encuentre yo.
Si mi guitarra no estuviese abandonada
daría soneto al impulso camuflado
que canta tu cancion, tan de lejos,
tan de lejos, que apenas llega hoy
tu silencio de mañana, que ayer me conmovió.