Eran las 6:25, llegué temprano como nunca lo hice todo ese tiempo que debí haberlo hecho, siempre me regañabas por la hora, desde que te perdí, comenzé a hacerte caso... cinco minutos de adelanto. Me instalé en nuestra banquita, desconociéndola más que nunca antes, ya no era ni tuya ni mía, porque no existía un nosotros. Aún tengo un par de minutos antes de verte venir con el paso acelerado y la cabeza gacha, una mano en el bolsillo que se quedó allí desde la última vez que miraste el celular para ver la hora. Ordeno todo en mi cabeza intentando no mirar las marcas en la madera del respaldo del asiento que dejamos tanto tiempo atrás, creo que es lo único que queda y ni siquiera me pertenece.
Un saludo frío que congela tajantemente cualquier recuerdo que pueda revolotear en estos momentos, me miras sin expresión, no me quedo atrás, eres casi un desconocido.
- ¿Que hubo? - me dices, como si nuestro encuentro fuera casual.
- Nada mucho, lo mismo de siempre- olvidando todo discurso pauteado.
No quiero preguntar nada, me aterra escuchar de tus labios que aún estás con ella, después de tres años sin vernos.
Lanzas un "eh" desinspirado, y sin rodeos me dices:
- Sabes, no tengo demasiado tiempo (como siempre, pensaba yo), me tengo que ir luego.
- Ah si, lo siento, olvidaba que eres un hombre ocupado, no he sabido de ti hace tanto, no es que te esté echando la culpa, a todo esto, supe que te titulaste, me alegro muchísimo, me imagino que debes estar feliz, cualquiera lo estaría si le pidiesen que volviera al mismo lugar donde hizo la práctica, no es que te haya estado investigando, pero tú sabes, los rumores vuelan por acá y a mi no me va nada de mal con andar escuchándolo todo.
- Aún no entiendo para que me llamaste, Antonia.
Cambiaste el tono, se me revuelve el estómago, soy una estúpida, ni siquiera sé para que te llamé y no hago nada más que mirarte. Me duelen tanto tus ojos en mí, hoy no soy nadie, ni siquiera me acerco a lo que me gustaría ser en tí, no lo puedo aceptar, la impotencia de no decir nada porque no vale la pena me domina, lentamente se empieza a apoderar una tristeza, ¡No, no puedo llorar! ¿Qué le digo?, Aún te amo, no, horrible, soy un desastre, "Estos tres años han sido una pesadilla sin tí", que cursi, a quien quiero engañar, si no le importa nada, y sus labios estáticos me intimidan, ¿Y si le doy un beso?....
- Quería saber de tí, qué es de tu vida, ¿Te acuerdas de los aros que me ayudaste a elegir?, los de plata, te gustaron tanto, bueno a mi también, no me los saco nunca, osea, hasta antes de ayer, se rompieron, o los rompí, pero sin querer, nunca rompería algo que me recuerde a ti, osea, tú entiendes, fueron lindos momentos, es decir, para mí, no sé si para tí... ¿Cómo?... ah si, el anillo, está lindo aún ¿No es verdad?, si, siempre lo llevo puesto, creo que me acostumbré, te podrá dar risa pero... cuando me lo saco y se me olvida ponérmelo, es cómo si algo infaltable no estubiese en mi.
Tomo un hondo respiro....
- ¿Aún estás acompañado?... ¿De novios?, Te felicito... ¿No que se iba a Santiago?, Comprendo, que bueno que te hayan aceptado el traslado para allá, ¿Y para cuando es la fecha? ¡Ocho meses más!, vaya que rápido, como pasa el tiempo, no, no estoy diciendo que sea malo, no carlos, cómo se te va a ocurrir, sólo que a mi parecer es un poco apresurado, no sé son tan jóvenes, si sé que la amas, en todo caso si el amor es grande no hay edad ni barreras. ¡Cállate!, que me haces sonrojar, cómo puedes decir eso, èramos unos niños, no se compara a tu vida actual.
- Es incomparable- se te esfumó el color al terminar la frase, tu cara, incrédula, me miró suplicando que mis oídos no hubiesen escuchado nada.
-Tú siempre lo serás, sin importar nada, por siempre.
Miré el reloj, ya era media hora tarde, levanté la cabeza, venías acompañado, era tal cual y cómo la recordaba. Te despediste delicadamente de ella, caminaste hacia mí, estábas más delgado, el paso lento, la cabeza en alto y el rostro sonriente, Tararié entre dientes a Serrano "Ya sólo me queda, la vacía pena del viajero que regresa", me paré del asiento, te dí un gran abrazo.
- Gracias por llegar- un "éxito" prosiguió mis palabras y caminé dejando atrás tres años en treinta minutos, junto al mejor hombre de mi vida.
4 comentarios:
esta si que no la sabia. dejare este comentario sin trascendencia.luego agregare todo lo que vendria a llamarse la dinamica del link y posteriormente me detendre a leer vuestros escritos pequeña mojo jojo. un amigo decia que yo era igual de enfermo del chape que juan pablo castel. será cierto?
yo habria tarateado a serrano tambien. "no creo que me vendan todo el alcohol que necesito para olvidar".
"Porque no existía un nosotros"
Esa frase me hizo recordar un poema de cierto amor...::
No eres Martínez
ni soy Jimenez
sino que somos...
Gracias por tu comentario.
lo que escribi en mi blog hoy(o madrugada) no me deja mucho animo para escribirte algo mas sustancioso,
asi que tendria 2 alternativas:
o escribirte muchas cosas sin decir nada como los politicos..
o esperar a mañana que me carge de los animos del dia y esperar tu proxima historia..
saludines niña estudiosa ..
Publicar un comentario